Crónica del viaje fotográfico de de fotografía de calle en Londres

Del 10 al 14 de junio estuvimos en Londres con el taller de fotografía de calle. Durante cinco días realizamos un ejercicio distinto en cada localización, cada uno de ellos con una idea base para aprender a mirar mejor. No fuimos a hacer fotos de Londres, íbamos a aprender a ver a través de Londres. Al pie de esta crónica encontrarás algunas de las fotos que hicieron los alumnos en este viaje de taller de fotografía de calle.

Por qué Londres

Para que una ciudad sirva de verdad para la calle hacen falta tres cosas: densidad, variedad y tolerancia. Hay ciudades preciosas que fallan en la tercera y no hay manera de trabajar en ellas. Londres tiene las tres y la tercera se nota desde el minuto uno: al londinense le da igual que lleves una cámara. Nadie te mira, nadie te pregunta qué haces, nadie se aparta. Aquí en España levantar la cámara en la calle genera cierto recelo. Para quien arrastra el miedo a fotografiar desconocidos, eso vale más que cualquier consejo técnico que yo le pueda dar.

Luego está la luz, que es el motivo de verdad. Londres está a 51,5 grados de latitud norte y el sol no sube nunca demasiado. En junio apenas pasa de los 62 grados sobre el horizonte al mediodía, unos once menos que en Madrid, por ejemplo. Eso quiere decir que dispones de una luz modelada y sombras largas durante muchas más horas de las que estás acostumbrado, el sol se pone pasadas las nueve y la hora azul se estira hasta bien entradas las diez. Da tiempo a todo. Además, tuvimos la gran suerte de tener un cielo encapotado cuando visitamos un cementerio muy especial lo que creó una atmósfera única para las fotos que se tomaron ese día. 

El programa final, por cierto, no fue el que estaba publicado. Comentando con los alumnos en el grupo de WhastApp se decidió cambiar Chinatown, el Soho, la Photographers' Gallery y el Tate por Abney Park, Stoke Newington y Shad Thames. Esta es la gran ventaja de conocer muy bien el lugar donde impartimos talleres, que podemos hacer cambios según las necesidades del grupo. 

Día 1. Las mews de Kensington

Aterrizamos en Gatwick y en menos de una hora estábamos en el hotel, en Kensington. Al anochecer salimos con las cámaras para realizar el primer ejercicio.

Las mews son callejones privados construidos en los siglos XVII y XVIII para alojar los caballos y carruajes de las mansiones aristocráticas de la zona. Hoy son residencias de lujo, pero conservan los adoquines, las fachadas de colores y las macetas. Son el antídoto perfecto al Londres turístico y el sitio ideal para empezar, porque son espacios cerrados y tranquilos. No es un lugar masificado, así que no queda más remedio que mirar la luz y la geometría.

El ejercicio se llamaba «tres tiempos de luz» y consistía en recorrer tres mews en tres momentos distintos de la tarde. En Lexham Mews, con luz dorada, solo composición: adoquines, líneas de fachada, simetrías, nada de personas. En Kynance Mews, con luz lateral, entraba la figura humana con una consigna clara, que la persona y la arquitectura pesaran visualmente lo mismo. Y en Petersham Mews, ya con la hora azul encima, farolas y ventanas encendidas peleando contra el cielo, velocidades lentas y mucha paciencia.

También fue el día de la charla de siempre para este taller, ya que con un 35 mm se hace todo, aunque sirven perfectamente el 28 mm, el 40 mm o el 50 mm. Lo importante no es cuál elijas, es comprometerte con ella cinco días seguidos. Cuando dejas de decidir el encuadre girando un zoom, empiezas a verlo antes de levantar la cámara. 

Cenamos en The Queen's Arms, en Queen's Gate Mews, a dos pasos del hotel.

Día 2. Un cementerio, un mercado punk y Portobello

Abney Park fue mi apuesta personal del viaje ya que se lo comenté a los alumnos y decidieron que este sería uno de los cambios. Es un cementerio de 1840, uno de los siete grandes cementerios victorianos conocidos como los «Magnificent Seven», levantados para aliviar el colapso de los enterramientos parroquiales de una ciudad que crecía sin control. Fue el primero no confesional de Europa, abierto a todo el mundo sin importar la religión, y ahí descansan los fundadores del Ejército de Salvación, abolicionistas, cartistas y sufragistas. La vegetación lleva décadas reclamando el terreno y los árboles han crecido entre las lápidas.

La fotografía callejera no necesita siempre que aparezca una persona en ella. Su definción es "Pretende captar la condición humana en lugares públicos, em un entorno urbano, o bien la huella dejada por el ser humano".  Por lo tanto aquí el ejercicio fue fotografiar una lápida como si fuera el retrato de una persona viva. No se trataba de hacer un ejercicio de fotografía documental o de viaje sino encontrar una sola lápida que provocase una reacción genuina y trabajarla durante un tiempo fijándose en la composición, la luz, el ángulo y el contexto. Después había que introducir una figura viva en relación con esa u otra lápida lápida, sin posar, para que apareciera la tensión entre quien está y quien ya no está. Realmente fue un ejercicio que se disfrutó mucho e incluso se nos fue más tiempo del programado.

Por la tarde, pasamos de un lugar silencioso y tranquilo, como era Abney Park, a Camden Town. Camden es puro caos y por eso sirve para trabajar las capas. La consigna aquí era que toda foto válida tuviera tres planos reconocibles, primer plano, sujeto y fondo. Es un ejercicio que ayuda a desarrollar nuestra mirada porque evita el error clásico de fotografiar solo el sujeto en lugar de la escena.

Acabamos en Portobello Road con el ejercicio del instante decisivo, un homenaje directo a Cartier-Bresson. Se trataba de elegir un encuadre fijo, una puerta, un arco, un puesto, etc., y no moverse de ahí hasta no obtener la foto. Los resultado de los alumnos aquí fueron magníficos.

Día 3. Greenwich, donde la ciudad respira

Cogimos el DLR hasta Cutty Sark y bajamos al mercado, que está dentro del recinto del Old Royal Naval College desde el siglo XVII. Es más pequeño y más tranquilo que los del centro de Londres y eso lo hace perfecto para trabajar la proximidad. El ejercicio aquí constaba de capturar el momento exacto en que el dinero cambia de mano, alguien huele un producto, lo prueba, regatea o simplemente duda. El objetivo era desaparecer, ser invisible entre los puestos.

Aquí es donde cada año sale la misma pregunta: si se puede fotografiar a desconocidos sin pedir permiso. En el Reino Unido, sí. No existe una ley que lo prohíba en lugares públicos, no hace falta permiso para disparar a mano alzada y nadie tiene derechos sobre su propia cara. La propia Policía Metropolitana lo dice en su web. Otra cosa son los espacios privados que parecen públicos, como los mercados o las plazas de las grandes corporaciones, donde el propietario puede poner sus normas. Y otra cosa distinta es publicar desde España, donde la Ley Orgánica 1/1982 protege el derecho a la propia imagen y es bastante más restrictiva. Esto es una explicación general, no asesoramiento jurídico. Mi criterio personal es que si alguien me pide que no publique una foto suya, no la publico.

Después de realizar la visita de rigor al Cutty Sark, el último Clipper del mundo que traía el te de Las Indias, continuamos con otro ejercicio en el parque donde la premisa fue buscar el aislamiento, alguien leyendo, durmiendo o mirando al horizonte, y componer enfatizando el espacio vacío alrededor. Relación figura-fondo y el cielo como elemento dominante. 

El día terminó en The Prince of Greenwich, un pub donde teníamos permiso para fotografiar dentro ya que el dueño es un gran amigo mío e incluso se lo comentó a los cliente habituales. El interior tenía una luz complicada pero al estar la gente relajada con nosotros y no tener ninguna prisa, ya que cenamos allí mismo, el ejercicio salió de maravilla con los alumnos. Incluso algunos se animaron a hacer de barman y de pinche de cocina por lo que, además, las risas estuvieron garantizadas.

Día 4. Brick Lane, Borough Market y Shad Thames

El último día empezamos en Brick Lane, que resume la historia migratoria de Londres en una sola calle ya que se pueden encontrar las huellas de los hugonotes franceses del siglo XVII, judíos de Europa del este del XIX, bangladesíes del XX. Como curiosidad, una misma capilla ha sido iglesia anglicana, sinagoga y mezquita. Hoy hay grafitis, galerías, mercadillos y una densidad narrativa por metro cuadrado que no se encuentra en muchos sitios.

El ejercicio aquí fue de retrato, partido en dos mitades. Primera mitad, sin ninguna interacción y hacer la foto en modo invisible, sin contacto visual ni verbal. Segunda mitad, justo lo contrario, pedir permiso y observar cómo cambian la pose, la distancia y la relación entre las dos personas. Este ejercicio lo suelo plantear a menudo porque desmonta dos creencias a la vez. La de quien está convencido de que pedir permiso arruina la foto y luego se lleva a casa su mejor retrato del viaje y la de quien solo se atreve preguntando y nunca aprende a pasar desapercibido. Son dos técnicas distintas que hay que conocer.

Por la tarde, Borough Market, en funcionamiento desde el siglo XIII, es el mercado más fotogénico de los cuatro que trabajamos. Las estructuras de hierro del XIX bajo los arcos del ferrocarril cortan la luz en haces y proyectan sombras geométricas muy marcadas. Ahí la consigna fue exponer para las altas luces para salvaguardarlas y luego levantar las sombras en el procesado, si hace falta. Una silueta cruzando una franja de luz puede tener más valor que cualquier plano general del mercado.

Terminamos en Shad Thames, la calle que mejor conserva el Londres industrial victoriano. Sus naves, terminadas en 1873, almacenaban té, café, especias y azúcar llegados de medio mundo, lo que le valió el apodo de «la despensa de Londres». Lo interesante son los puentes aéreos que cruzan la calle de lado a lado, construidos para rodar los barriles entre almacenes sin bajar a la vía. La consigna aquí era que los puentes salieran en todas las fotos pero nunca como protagonistas, siempre como marco, contexto o contrapunto de una figura humana debajo. Contrapicado y escala humana contra escala industrial. 

¿Qué se aprende en cinco días de calle?

En cinco días no se aprende a hacer buenas fotos, se aprende a mirar de otra manera, que es lo que luego produce las buenas fotos durante meses. El cambio que se produce en el alumno no está solo en la técnica, está también en el ritmo. Se pasa de "disparar" a todo lo que se mueve a hacer la foto, de cubrir un sitio a trabajar una escena.

Lo dije el primer día y lo repito aquí: el objetivo no era volver con muchas fotos, sino volver con pocas que tuvieran "chicha". Fotos que solo podía hacer esa persona, en ese momento y con esa luz. 

Después del viaje

Un viaje así no termina al aterrizar. Dos semanas después hacemos una clase online en la que cada alumno presenta el trabajo del viaje y lo comentamos entre todos. Ahí es donde se aprende a editar, que es la parte que casi nadie practica y la que separa un montón de fotos sueltas de una serie bien hecha. En los viajes fotográficos de Ágora Fotografía el esquema es siempre ese: ejercicio en la calle, revisión y edición. La ficha completa del taller de Londres sigue publicada por si quieres ver cómo estaba planteado.

Si te pica el gusanillo, lo lógico es empezar en casa con nuestra formación online trabajamos los mismos fundamentos, composición, mirada, ejercicios y edición, y todo lo aprendido se puede aplicar en cualquiera de nuestros viajes.

Londres es mucho Londres y siempre es un placer elegirla como escenario para el taller de fotografía de calle.

Hasta el próximo viaje.

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